miércoles, 21 de enero de 2026

Páginas escogidas: fragmento de Olvidado Rey Gudú

 

«Olvidado Rey Gudú» es una obra monumental de la literatura española escrita por la aclamada autora Ana María Matute. Publicada en 1996, esta novela nos sumerge en un mundo mágico y medieval lleno de personajes inolvidables y situaciones épicas.

La historia se desarrolla en el reino de Olar, gobernado por el Rey Gudú, un monarca sabio pero atormentado por sus propios demonios internos. La trama gira en torno a la búsqueda de identidad y redención de diversos personajes, incluyendo a la joven princesa Mediavilla y al valiente guerrero Tristán.

A lo largo de la narrativa, Matute teje una red compleja de intrigas políticas, amores prohibidos y batallas épicas que desafían las convenciones del género fantástico. La autora crea un universo rico y detallado donde la magia y lo sobrenatural se entrelazan con las luchas cotidianas por el poder y la supervivencia.



Ondina del Fondo del Lago habitaba desde hacía cuatrocientos treinta años en el más bello lugar del Lago de las Desapariciones. Ondina era de una belleza extraordinaria: suavísimos cabellos color alga que le llegaban hasta la cintura, ojos largos y cambiantes como la luz, que iban del más suave oro al verde oscuro, y piel blanco-azulada. Sus brazos ondeaban lentamente entre las profundas raíces de las plantas, y sus piernas se movían como las aletas de una carpa. Una sonrisa fija y brillante, que iba del nacarado de la concha al rosa líquido del amanecer, flotaba entre sus labios. Cualquier humano hubiera sentido una gran fascinación al contemplarla en todos sus pormenores, excepción hecha de las orejas, que, como todas las de su especie eran largas y puntiagudas en extremo, aunque de un tierno color, entre sonrosado y oro.

 A pesar de ser nieta de la Gran Dama del Lago, no poseía ni un ápice de su sabiduría, ni siquiera un granito de mínima inteligencia -como ocurre con frecuencia entre las ondinas-. Por el contrario, era de una tal dulzura y suavidad, y emanaba tal candor, que su profunda estupidez podía muy bien confundirse con el encanto y hechizo más conmovedores. Como toda ondina, era caprichosa en extremo, y su gran capricho era su Colección del Fondo, donde había cultivado con primor su jardín de los verdes intrincados. La colección de Ondina consistía en una ya nutrida exposición de muchachos jóvenes y bellos, comprendidos entre los catorce y los veinticinco años. Le gustaban tanto, que a menudo arrastrábalos al fondo y allí les conservaba sonrosados e incólumes, gracia al zumo de la planta maraubina que crece cada tres mil años entre las raíces del agua. Pero se cansaba pronto de ellos, pues por más que los adornara con flores lacustres, y coronara sus cabezas con toda clase de resplandecientes piedrecitas, y acariciara sus cabellos, y besara sus fríos labios, ellos nada le decían ni hacían; de suerte que necesitaba siempre más y más muchachos para distraerse con variedad.

 A veces, aproximándose cautelosamente a las orillas del lago, había visto cómo jóvenes parejas de campesinos se acariciaban y besaban mutuamente y esto la llenaba de envidia. Así se lo había confesado en más de una ocasión a los trasgos, que, compadecidos, a veces, empujaban muchachos al fondo. Entre estos se contaba el trasgo del Sur, al que había confiado su caprichosa obsesión. "Eso es una tontería - le decían los trasgos-. Decídete a tomar por esposo a cualquier delfín de los que pululan por las costas del sur y déjate de esos caprichos. Teniendo en cuenta tu juventud, puede perdonársete, pero anda con cuidado no se entere su abuela: ella no tolera contaminaciones humanas, y sólo con ahogados puedes juguetear sin peligro." "Así lo haré -decía ella entonces, compungida-. Prometo no olvidarlo." Pero como era estúpida hasta los más remotos orígenes de su sustancia, no sólo lo olvidaba, sino que persistía en el peregrino deseo de recibir caricias y besos de hombre vivo. "Pero ¿para qué? - le preguntaba el Trasgo del Sur, que desde sus libaciones y dada su instalación en el Castillo, cuya zona Norte lamía las aguas del creciente Lago, mantenía grandes charlas con ella-. No veo la razón, pero así es."

 Y en éstas estaba cuando el Trasgo se acordó oportunamente de ella, de su cándida naturaleza y de su insensato capricho. Así eran las ondinas, se decía. Otra había conocido, en el Sur, encaprichada con los asnos, y otra también, más al Este, que tenía predilección por los soldados de barba roja. Todo podía esperarse de una ondina, menos cordura.

 Esperó noche propicia -esto es, en creciente-, y horadando los entresijos de la tierra, abrió un pasadizo hasta el Manantial del Lago.

 -Hacía tiempo que no venías, trasgo del sur- dijo Ondina, que le prefería, sin saberlo, por el tufillo humano que iba lentamente apoderándose de él. Me gustará enseñarte el último que ha entrado. Me lo enseño el trasgo de la Región Alamanita, y es muy hermoso. Aún no me he cansado de adornarle: mira, le puse caracolas en las orejas, ramitos de maraubina por todas partes, y aquí, está la perla que me regaló una ostra del Mar Drango. ¿Qué más puedo hacer ahora, para no aburrirme?

 El trasgo contempló pensativamente a un jovencito de cabello oscuro y tez dorada aunque con expresión de espanto, pues no había tenido tiempo de cerrar los ojos. Le pareció el colmo de la fealdad y ridiculez, pero se calló sus opiniones, para bien conquistar a Ondina.

 Miró con recelo de un lado a otro, y al fin musitó:

 -¿No esperas la visita de la Gran Dama, verdad?

 -Oh no-dijo ella-. Está demasiado ocupada preparando el próximo deshielo. No ha visto los tres últimos, y aunque no le gustan demasiado, dice que si me contento con ahogados, nada tiene que reprocharme.

 -Pues bien, he pensado mucho en ti, hermosura -dijo el Trasgo-. Y se me hace que alguna solución hallaremos, sin que incurras en enfados de tu maravillosa Abuela que tanto Respeto me Inspira -pues para hablar de ella sólo podía utilizar palabras con mayúscula.

 -¿De veras? -exclamó Ondina, con sumo interés-. Dime, Trasgo del Sur.

 -La cosa es que te ofrezco una oportunidad: hemos encontrado un bebedizo que te permitirá tomar forma humana, por breve tiempo -a lo sumo diez días-, sin peligro de contaminación. Claro está que si prolongas esta forma humana solo un minuto más, tu contaminación se produciría, y de forma tan peligrosa que la cosa remedio no tendrá. Pero como eres caprichosilla, tengo para mí que más de dos días no te van a divertir los muchachos humanos, con los que podrás retozar a gusto durante ese tiempo. Y así, el peligro se alejará, con gran ventaja para ti: podrás beber el elixir cuantas veces quieras, y tomar, por diez días, la figura de mujer que te sea más útil (siempre que sea diferente entre sí)... Tengo para mí, que vas a disfrutar de lo lindo, y no te vas a aburrir lo que se dice nada, en varios siglos vista.

 La Ondina dio dos volteretas en el agua. Era su máxima expresión de contento, ya que su boca sólo tenía un grado de sonrisa.

 -¡Rápido!- gritó. Y la superficie del Lago se estremeció súbitamente, como bajo un vendaval-. ¡Rápido, dame ese bebedizo!

 -Un momento, hermosura-dijo el Trasgo-. Siento decírtelo, pero todo tiene sus condiciones.

 -Dime tus condiciones.

 -Verás: en el transcurso de estas delicias, podrás disfrutar de las caricias, besos y cuanto te plazca de cuantos mozos tengas a bien. Pero... -y aquí, recalcó mucho sus palabras- siempre y cuando persistas, una vez tras otra, en atraer a cierto hombre, que si bien en su día será joven y tal vez hasta bello, con el tiempo se irá haciendo viejo y hasta feo o repulsivo. Sólo así, bajo ese solemne juramento, te daré el bebedizo.

 -Bueno -dijo ella-, poco importa. Bien sabré consolarme con los otros, mientras la raza humana exista y produzca tales deliciosas criaturas- y señaló el Jardín de Mancebos Ahogados.

 -Bien. Voy a comunicar tu asentimiento a quien es pertinente- dijo el Trasgo. Y dejándola muy ilusionada, regresó por donde había venido.

 La reina Ardid quedó muy complacida al saber esto. Sin embargo, dijo:

 -Querido mío, ¿estás seguro de que Ondina no se cansará de esperar el bebedizo prometido? Ten en cuenta que hasta que Gudú esté en edad de poder apreciar sus encantos, han de pasar bastantes años.

 -Ay, querida niña- dijo el Trasgo-, ¿qué son unos cuantos años más o menos para quien vive inmerso en los siglos de los siglos? Nada, querida niña, nada,

 -Y bebió con fruición, no exenta de temblores, un buen trago de cierto vinillo sonrosado que guardaba para las grandes ocasiones. Pues el temor que le inspiraba la Vieja Dama sólo era comparable al cariño que sentía por la Reina Ardid.

 

   Ana María Matute, Olvidado Rey Gudú, 1996. Parte II, capítulo 2, págs. 253-257.



Páginas escogidas: Ana Mará Matute, fragmento destacado de Fiesta al Noroeste


"Fiesta al Noroeste" es una novela de Ana María Matute que narra la vida en un pueblo rural de España durante los años de la dictadura franquista. La historia se centra en Juan Medinao, un cacique avaro y deforme, y su reencuentro con Dingo, un titiritero que regresa al pueblo tras atropellar accidentalmente a un niño. A medida que avanza la trama, se revelan los recuerdos compartidos entre los personajes y se exploran temas como la pobreza, la opresión y la lucha por la justicia. La obra destaca por su realismo social y su estilo expresionista, capturando la esencia de la vida rural española en un contexto de desolación y desigualdad.




 Se llamaba Juan Medinao, como se llamaron su padre y el padre de su padre. La usura ejercida en tiempos por el abuelo le había convertido en el dueño casi absoluto de la Baja Artámila. Desde que tuvo uso de razón, se notó dueño y amo de algo que no había ganado. La casa y las tierras le venían grandes, pero especialmente la casa. La llamaban La Casa de los Juanes, y era fea, con tres grandes cuerpos de tierra casi granate y un patio central cubierto de losas. Al anochecer, las ventanas eran rojas; al alba, azul marino. Estaba emplazada lejos, como dando una zancada hacia atrás de la aldea, frente por frente al Campo del Noroeste. Desde la ventana de su habitación, Juan Medinao podía contemplar todos los entierros.

 Aquel Domingo de Carnaval, cerca ya la noche, Juan Medinao rezaba. Desde niño sabía que eran días de expiación y santo desagravio. Tal vez su plegaria era un recuento, suma y balance de las cotidianas humillaciones a que exponía su corazón. Estaba casi a oscuras, con el fuego muriéndosele en el hogar y las dos manos enredadas como raíces.

 Había entrado la noche en su casa, y la lluvia no cesaba contra el balcón. Cuando llovía así, Juan Medinao sentía el azote del agua en todas las ventanas, casi de un modo material, como un redoble desesperado.

 Oyó que le llamaban. La voz humana que taladró el tabique le derrumbó desde sus alturas. Volvían a llamarle. Todos en la casa, hasta el último mozo, sabían que Juan Medinao rezaba a aquellas horas y que no debía interrumpírsele. Insistieron. Entonces, el corazón se le hinchó de ira. Gritó y arrojó un zapato contra la puerta.

 -Abra la puerta, Juan Medinao -le dijeron-, es el alguacil el que le llama. Viene con un guardia del destacamento...

 Vio el zapato en el suelo, con la boca abierta y deformada. Se sintió terriblemente ajeno a las paredes, al suelo y al techo. Era como si toda la habitación le escupiera hacia Dios. Se levantó y descorrió el cerrojo. Estaba allí una criada, con las manos escondidas debajo del delantal.

 -Ya voy -dijo. Inmediatamente se arrepintió de su voz. Trató de corregirla dando una explicación dulce-: Me has interrumpido, estaba rodeado de ángeles...

 La chica torció el cuello, y tapándose la boca bajó corriendo delante de él. A las muchachas demasiado jóvenes, Juan Medinao les daba miedo o risa.

 Bajó la escalera despacio. También la sala estaba a oscuras.

 -¿Qué pasa? -dijo. Los hombres eran unas manchas negruzcas y sus rostros, más claros, parecían flotar en el aire. El guardia le explicó que habían detenido a un saltimbanqui por haber partido en dos al hijo de Pedro Cruz. Fue un accidente, y su propio carro había quedado destrozado en medio de la plaza. Aquel payaso pedía ayuda a Juan Medinao.

[...]

 A la luz del candil, vio al hombre. Era mayor que él, envejecido, y tenía los ojos separados, con una súplica profesional, madura. El corazón de Juan Medinao se quedó quieto, como si hubiera muerto.

 -Hola, Juan Medinao -dijo el payaso-. Yo soy Dingo, el que te robó las monedas de plata...


      Ana María Matute, Fiesta al noroeste, Ed. Cátedra, 1979, cap. II, págs. 86-89.



Tres cuentos cortos de Ana María Matute

 






















Pincha en el siguiente enlace y disfruta de tres joyas breves de nuestra mejor cuentista

Tres cuentos cortos de Ana María Matute

martes, 20 de enero de 2026






 

Diez obras esenciales de Ana María Matute

Diez obras esenciales de Ana María Matute

Ana María Matute, una de las escritoras más destacadas de la literatura española del siglo XX, nos legó un corpus literario rico en profundidad y belleza. A lo largo de su carrera, Matute creó una serie de obras que han dejado una huella imborrable en la literatura contemporánea. A continuación, destacamos algunas de sus obras más importantes:













Esta novela, publicada en 1948, es considerada una de las obras maestras de Matute. Ambientada en un entorno rural y protagonizada por la familia Abel, la historia explora temas como la opresión familiar, la inocencia perdida y la lucha por la libertad individual.                                    


























"Fiesta al Noroeste" (1952)
Según Eugenio de Nora, la obra culminante de la autora, en la que reitera sus obsesiones y señas de de identidad. Premio Café Gijón en 1952 por esta historia que recrea una España marcada por la pobreza y la sumisión de los campesinos a los poderosos.






"Pequeño Teatro" (1954) es una novela que explora la condición humana través de un teatro de títeres.      

Teatro de títeres: humildes muñecos movidos por la destreza de un anciano bondadoso... Pero seres humanos también, seres humanos que palpitan y bullen en la ciudad, dejando al descubierto sus propias miserias, sus inclinaciones, sus torpes sentimientos, sus mezquindades, sus odios, sus reacciones...

























Publicada en 1959, esta novela semi-autobiográfica narra la infancia de Matia, una niña que vive los horrores de la posguerra española. A través de los ojos inocentes de la protagonista, Matute aborda temas como el miedo, el dolor y la esperanza en un mundo marcado por la violencia y el sufrimiento.










"Sólo un pie descalzo" (1983)  es una historia que narra  la vida de Gabrielauna niña que solía perder un zapato. medida que avanza la trama,  Gabriela descubre que al perder un pie, se abre una puerta hacia un mundo mágico donde  todo es posible. 





" Luciérnagas "(1993)
Publicada en 1993, esta novela corta nos transporta a la infancia de la protagonista, una niña llamada Natalia, cuya curiosidad y sensibilidad la llevan a explorar los rincones más oscuros y luminosos de su entorno.






Esta obra monumental, publicada en 1996, es un viaje épico a través del reino fantástico de Gudú. Con reminiscencias de los cuentos populares y las epopeyas medievales, Matute teje una historia mágica que aborda cuestiones universales como el amor, el poder y el destino.

























Auténtica obra maestra en la aplaudida trayectoria de Ana María Matute«Paraíso inhabitado» (2009) recrea un universo infantil delicado y maravilloso, que hipnotiza al lector desde la primera página.







La obra «La Puerta de la Luna» es un tesoro literario que transporta a los lectores a un mundo mágico y evocador. Publicada en el año 1954, esta novela corta nos sumerge en la imaginación desbordante de Matute y en su característico estilo narrativo.
En «La Puerta de la Luna», Matute nos presenta a personajes entrañables que viven en un universo lleno de simbolismo y metáforas. La historia se desarrolla en un pueblo misterioso donde lo fantástico se entrelaza con lo cotidiano, creando una atmósfera única e inolvidable.


Centenario del nacimiento de Ana María Matute

 



El 26 de julio se cumplieron 100 años del nacimiento de Ana María Matute, destacada novelista española y miembro de la Real Academia Española, está considerada como una de las mejores representantes de la novela española de posguerra. 

Nacida en Barcelona en 1925, en una familia burguesa catalana, creció en una Barcelona marcada por la vida industrial, contexto social que aborda en su cuento Muy contento (1968). Formó parte de la llamada “generación de los jóvenes asombrados”, término que ella misma acuñó para describir a los autores que reflejan la situación de la Guerra Civil en su infancia.

Matute escribió cuentos desde que era una niña y aunque debutó en 1948 con Los Abel, su primera novela, Pequeño teatro, se publicó en 1954. Durante los primeros años de su carrera, hasta la década de 1960, la obra de Ana María Matute fue frecuentemente censurada durante la dictadura franquista, enfrentando correcciones, supresiones y rechazos. Esta situación cambió cuando comenzó a recibir reconocimiento internacional.

En 1976 fue propuesta para el Premio Nobel de Literatura y en 1984 obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Sólo un pie descalzoEn 1996 publicó Olvidado Rey Gudú y fue elegida académica de la Real Academia Española, convirtiéndose en la tercera mujer integrarla. En 2010 fue galardonada con el Premio Cervantes.

Ana María Matute fue profesora de universidad y viajó a diversas ciudades para dar conferencias, especialmente a los Estados Unidos. Matute falleció el 25 de junio de 2014 en Barcelona. Su trilogía Los Mercaderes (1959), compuesta por Primera memoriaLos soldados lloran de noche y La trampa, es considerada una de sus mejores obras.

Fuente: Flavodomus.com

Puedes consultar su obra en la Biblioteca del IES

Centenario del nacimiento de Ana María Matute

 


IX Edición de Certamen Literario de Relatos Cortos

El Club Rotary Madrid Puerta de Hierro, en colaboración con la Consejería de Educación, Ciencia y Universidades y la Escuela de Escritores de Madrid, convoca el IX Certamen Literario de Relatos Cortos. La finalidad es animar a los alumnos a poner a prueba su capacidad creativa y su espíritu de sacrificio y de superación.

DESTINATARIOS

Pueden participar los alumnos con edades comprendidas entre 12 y 16 años inclusive, que hayan cumplido dicha edad a fecha de 31 de diciembre de 2026.

REQUISITOS

  • El trabajo presentado debe ser inédito y no haber sido premiado o presentado en otros certámenes.
  • La temática de los relatos es libre y deben plasmar valores como la amistad, la paz, la solidaridad, la tolerancia, la empatía, el servicio a los demás y la buena voluntad.
  • Los relatos deben presentarse en una extensión máxima de cinco páginas en formato DIN-A4, a doble espacio, con letra tipo Times New Roman y tamaño 12, sin la firma del autor que será sustituida por un seudónimo escrito en el encabezamiento de todas las hojas, junto con el título del relato.
  • Se puede enviar un solo trabajo, en castellano, y se presentará en formato PDF a través de la plataforma habilitada con el siguiente enlace: CUESTIONARIO

PREMIOS

El certamen establece dos categorías:

Categoría A: de 12 a 14 años.

I. Primer premio: Tableta iPad.

II. Segundo premio: Libro electrónico Kindle.

Categoría B: de 15 a 16 años.

I. Primer premio: Ordenador MacBook + Participación en RYLA rotario.

II. Segundo premio: Tableta iPad.

En cada primer premio, el profesor de Lengua y Literatura del alumno ganador será obsequiado con un libro electrónico Kindle.

PLAZO DE INSCRIPCIÓN

Del 5 de enero al 31 de marzo de 2026, ambos inclusive.


Para cualquier duda o consulta: certamenliterario@rcmadridpuertadehierro.org

Bases del concurso